
Angel Alva
El Miedo, en su esencia más pura, no es una realidad concreta, sino una construcción mental que se adelanta al tiempo. No pertenece al presente; habita en la dimensión ilusoria del “todavía no”, del “quizá”. Es fruto de una mente que se desdobla hacia adelante, imaginando futuros inciertos con el anhelo de controlar lo incontrolable.
Como seres humanos, dotados de razón y conciencia, hemos aprendido a anticipar. Pero en esa misma capacidad yace la trampa: creer que podemos evitar el dolor con solo preverlo. Así, el miedo se convierte en un centinela que vigila lo que aún no ocurre, olvidando que la vida solo se experimenta plenamente en el presente.
Desde esta mirada, el miedo no es un enemigo, sino un pensamiento: un relato, una hipótesis, una ficción. Es el intento desesperado de la mente por hallar certeza en un universo que, por naturaleza, es cambiante, incierto y profundamente misterioso. Nos aferramos a ideas de seguridad como si fueran verdades absolutas, pero al hacerlo, nos alejamos del único lugar donde somos realmente libres: el ahora.
Despojar al miedo de su autoridad no significa no sentirlo, sino reconocer su verdadera naturaleza. Es una invitación a ver más allá de sus formas, a recordar que no somos nuestros pensamientos, y que cada vez que respiramos con presencia, el poder del miedo se disuelve como la sombra ante la luz.
Con respeto y admiración,
Angel Alva
